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YO VIVA, YO LIBRE

No tiene mucho que elegí volverme feminista. Lo elegí porque un día abrí los ojos y me di cuenta de que las mujeres estábamos sufriendo solo por el hecho de ser mujeres.


Tomé decisiones, y elegí que definitivamente prefiero la equidad y la igualdad de género, y si en el camino debía renunciar a cosas a las que estaba acostumbrada como “las mujeres van primero” o que me pagaran la cuenta, no importaba, yo estaba dispuesta.

En el camino he escuchado a personas decirme que si estoy soltera es porque me abro a mí misma la puerta del coche antes de que un hombre lo haga por mí, o porque mi energía es “muy fuerte”, o que es porque gano más dinero que ellos y eso no debería ser así, o porque tengo muchos amigos hombres y uso escote. Todo eso y más me ha llevado a cuestionarme: ¿Será real que para conseguir una pareja es necesario que yo me limite a mí misma en mis capacidades o en mis riquezas? Creo que desde ahí se nota lo descompuesta que está la sociedad mexicana, en la que se le exige al hombre ser máximo proveedor y cuando vive la auto-castración quién paga las consecuencias es la mujer. A la conclusión que llegué es que, tal vez sí sería más fácil para mí encontrar a una pareja si me auto limitara, pero lo que yo deseo en todo caso, es una pareja FUNCIONAL, no busco solo llenar huecos e ir acompañada a las reuniones familiares, yo quiero un compañero de vida que me acompañe en mi vuelo y me impulse a volar más alto, y eso, exige de un compromiso que va más allá y ese compromiso es conmigo misma.
De pronto me di cuenta de que estaba viviendo en un mundo en el que mi sentir era responsabilidad mía y yo debía arreglarlo, y el sentir de “mi pareja” era… También mi responsabilidad y yo debía arreglarlo… ¿Por qué? Incluso me he enfrentado a la experiencia con hombres, que pretenden salir conmigo y al escuchar mis aspiraciones de vida y metas a futuro se sienten intimidados e inseguros. ¿Tan raro se nos hace como sociedad que una mujer sepa lo que quiere y además lo diga? Cuando éramos niños y niñas, se nos enseñó que una mamá que no está en casa es una mala madre, pero un papá que no está en casa es un padre trabajador, que una niña que explora su vulva es una “cochina”, pero un niño puede tocar su pene sólo si lo hace “en su cuarto”, que si las mujeres nos ponemos falda “provocamos”, que el niño que nos pegaba en el kínder lo hacía porque le gustábamos, que la mujer que se muestra auténtica es una “puta”… Aprendimos que el amor duele, que el que sacrifica ama más, que los celos son amor, que el sexo y el amor son lo mismo, que hay que agradarle al otro, que si se enoja es porque me quiere, que el amor y la posesión son lo mismo, que hay que quedarse callado para no crear discusiones, que…. ¡¡¡¿QUÉ?!!! Una vez amé a un hombre que me fue infiel, nuestra terapeuta, mujer, me dijo que todo eso me había pasado porque yo no confiaba en mi pareja. Su madre dijo que yo no debía preocuparme, que él solo se había “sacado las ganas”. Una vez amé a un hombre que me golpeó, su madre, al saberlo, expresó que “yo no era perita en dulce”. Una vez amé a un hombre que acosó a mis amigas y familiares, yo dudé mucho en hacer algo por miedo a exponerlas más al peligro. Una vez denuncié a un hombre que me violentó, la señorita del diagnóstico psicológico me dijo que posiblemente mi caso no iba a proceder porque mi estabilidad emocional estaba “bien” y yo debía probar que estaba “mal” para que lo detuvieran. Una vez amé a un hombre que me encerró, acudí a una de mis amigas por ayuda y ella me dijo que no quería incrementar el problema, que mejor lo arreglara yo. Una vez amé a un hombre… Sin amarme a mí misma primero. Una vez me amé tanto, que rechacé a un hombre que buscaba serle infiel a su pareja conmigo. Una vez me amé tanto, que preferí la soltería antes de involucrarme en una relación de pareja basada en la posesión y la mediocridad. Una vez me amé tanto, que valoré y aprecié la libertad en los demás. Una vez me amé tanto, que dejé de mentirle al mundo y me mostré tal cuál soy. Una vez me amé tanto, que escribí estas líneas, para contarle al mundo que un día yo también pensé que las mujeres éramos unas exageradas, hasta que lo viví en carne y hueso. Y afortunadamente, AFORTUNADAMENTE, estoy VIVA.

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